Complicaciones

¿Pueden los implantes dentales ser rechazados por el organismo?

Los implantes dentales en su gran mayoría están fabricados con titanio quirúrgico, material que ha demostrado ser biocompatible, bioinerte, estable, con capacidad de integrarse con el hueso (osteointegración) y muy buena tolerancia por parte de los tejidos blandos.

Es un metal que no ha demostrado ninguna reacción tóxica ni irritativa sobre el tejido vivo, esto quiere decir que el organismo no lo reconoce como extraño. Por tanto, las posibilidad de que produzca una reacción de rechazo o de alergia a este tipo de material es sumamente improbable.

Sin embargo, durante los meses siguientes a su colocación, los implantes pueden sufrir complicaciones que deriven en la falta de osteointegración y, por tanto, pueden tener que ser retirados. Estas situaciones, aunque escasas, suelen deberse a razones como: infecciones de la zona operada, deficiencias en la vascularización, alteraciones en los procesos reparadores del organismo como los que son frecuentes en fumadores y estrés o sobrecarga funcional cuando soportan una prótesis.

Sabemos que el 98% de los implantes se integran en el hueso tras su colocación. A los quince años más del 90% de los implantes colocados en el maxilar superior y en la mandíbula siguen funcionando adecuadamente. Esto sitúa a los implantes dentales osteointegrados entre las técnicas quirúrgicas con mayor fiabilidad de todas las que se realizan en humanos.

El fracaso de un tratamiento con implantes dentales puede suceder en etapas iniciales cuando no se integra el implante, generalmente por infecciones o malas condiciones biológicas del paciente. En etapas más tardías, una vez producida la osteointegración, las complicaciones pueden producirse por alteraciones originadas a causa de desajustes o fracturas de la prótesis o de los elementos de unión de la prótesis con los implantes, así como por infecciones. Si estos problemas se detectan a tiempo y se corrigen, es posible que el implante se mantenga en salud. En caso contrario puede perderse.

El tabaco puede influir muy negativamente en los resultados de los tratamientos con implantes dentales incluso en aquellos casos en los que no existe ningún otro factor de riesgo adicional.

Entre los efectos negativos del tabaquismo podemos citar que produce una disminución del aporte sanguíneo al hueso, a la encía y a la mucosa que lo rodea; altera las características de los tejidos blandos de la boca; retarda la cicatrización, facilitando las infecciones de las zonas operadas y disminuye la capacidad de reparación de las lesiones al actuar sobre las distintas células que intervienen en ella.

Todo ello hace que hoy sepamos que el porcentaje de implantes fracasados en pacientes fumadores es mayor que en no fumadores.

Siempre que una persona se somete a una intervención quirúrgica debe dar su consentimiento y saber que corre cierto riesgo de que puedan presentarse complicaciones indeseadas. En las intervenciones para colocar los implantes también existe ese riesgo, pero será mínimo una vez que su caso sea estudiado y planificado. Así, cuando se prevea colocar implantes en el sector posterior de la mandíbula o del maxilar superior, se valorará la posible relación con estructuras anatómicas a tener en cuenta como pueden ser el nervio dentario, que recorre la mandíbula, o el seno maxilar.

Para ello realizará antes del tratamiento un estudio minucioso que permitirá localizar las estructuras anatómicas que deban ser respetadas, alejándose de ellas o manipulándolas conscientemente a fin de poder colocar los implantes preservando su salud general.

Aunque es una situación muy poco frecuente, los protocolos terapéuticos incluyen esta posibilidad y tienen previsto cómo actuar en caso de que se produzca.

Si el implante se pierde antes de la colocación de la prótesis se valora la causa de la pérdida, se corrigen tanto la causa como las posibles consecuencias y si sigue siendo indicado, se vuelve a colocar un nuevo implante.

Si se pierde tras la colocación de la prótesis, se desmonta la prótesis y habitualmente se actúa como en el caso anterior.

En ocasiones los implantes remanentes son suficientes para asegurar la estabilidad de la prótesis, por lo que en estos casos no es necesario reponer el implante perdido.